viernes, 17 de noviembre de 2017

CAPEA EL TEMPORAL...



Capea el temporal dulce gaviota
y busca tu cobijo por la arena,
la playa tendrá a punto su melena
y en ella meterás tu cabezota. 

Es fácil que si evitas la derrota
encuentres resguardada a la sirena,
la misma que llevaba una azucena
prendida de su pelo como nota.

Evita el temporal y sé prudente,
gaviota sin igual y previsora,
no vaya a secuestrarte la corriente.

Entiende que es preciso la demora,
el puerto aguardará, pacientemente
que vuelvas, por su calma, en otra hora.

Rafael Sánchez Ortega ©
10/11/17

jueves, 16 de noviembre de 2017

NO ME OLVIDO DE LA INFANCIA...



No me olvido de la infancia
ni del tiempo transcurrido
ya que es parte de la vida
y un capítulo muy mío.

Porque todos retenemos
ese espacio tan bonito,
y los años primorosos
que despacio los vivimos.

¿Qué decir de aquella etapa,
y los pasos imprevistos,
de quel niño que crecía
entre juegos y entre libros?

Y así fue, sin duda alguna,
ese hermoso recorrido,
con colegios y leyendas
de piratas y de indios.

Se mezclaron los quebrados
con proyectos infinitos,
de viajar por otros mundos
y encontrar mil paraísos.

Aunque luego la gramática
dejó un sello muy distinto,
ya que vino con lecturas
y con dioses del Olimpo.

En la calle y en la escuela
abundaron los amigos,
que llegaban y se iban
como el agua de los ríos.

Y quedaron unos pocos
compartiendo, cual mendigos,
tantos juegos inocentes
entre el polvo del camino.

¡Primavera de la vida
que has pasado y que he vivido
hoy te pido que regreses
y me prestes tu cariño!

Bella infancia, irrepetible,
que recuerdo y que remiro,
rebuscando entre sus pliegues
una esencia que persigo.

Yo sé bien que allí nacieron
sentimientos muy bonitos,
y también las mariposas
me mostraron sus vestidos.

Aquel vuelo de la alondra,
los gorriones con sus trinos,
golondrinas en la tarde
acercándose a los nidos.

Y recuerdo de esa infancia
a la luna con su brillo,
que me hablaba desde el cielo
dando fuerza a mis latidos.

Hasta el mar tenía un verso,
un arrullo y un suspiro,
y un rumor de caracolas
que dejaba en mis oídos.

Hay mil brumas de la infancia
con retales y con hilos,
laberintos y verdades
irreales y furtivos.

Pero el sueño de la vida
es la infancia y entresijos,
temporales y galernas
que despiertan con sus gritos.

Y aquí vuelven, nuevamente,
porque son, en sí, testigos,
los fragmentos de ese tiempo
con los años deducidos.

No es que añore yo la infancia,
que es un tiempo ya marchito,
pero estoy en el otoño
y preciso de ese ciclo.

(...El silencio de los bosques,
la humildad de los mendigos,
las canciones de las fuentes
y el latido de los lirios...)

¿Dónde estás mi poesía?,
¿dónde ocultas tu gemido?,
ya que busco entre la infancia
los acordes del vinilo.

Rafael Sánchez Ortega ©
09/11/17

miércoles, 15 de noviembre de 2017

RECOJO DE TUS LABIOS...



Recojo de tus labios la sonrisa,
el beso tembloroso y perfumado,
y luego de manera muy precisa
escucho ese susurro tan ansiado.

El dulce parloteo de la brisa,
el roce del nordeste en tu costado,
la mano temblorosa e indecisa
llegando con pasión hasta mi lado.

Por eso te he robado la ternura,
dejando a tus pupilas sin consuelo,
y el alma como barca a la ventura.

Quizás mi corazón frene el deshielo ,
y pueda contener tanta locura,
que aspire a conseguir, un día, el cielo.

Rafael Sánchez Ortega ©
08/11/17

martes, 14 de noviembre de 2017

SANGRASTE CORAZÓN...



Sangraste corazón por una herida
y culpa de un amor que fue ignorado,
sangraste en profusión y hasta has llorado
sabiendo que perdías la partida.

En medio del dolor surgió otra vida,
el verso y la ilusión del ser amado,
y entonces corazón, no lo has negado,
tu sangre se notó correspondida.

Hoy sientes a la sangre dulcemente
correr entre tus venas con locura
de forma atropellada e inocente.

Olvida en el pasado esa aventura,
que un día te anuló completamente,
y vive hasta que pierdas la cordura.

Rafael Sánchez Ortega ©
07/11/17

lunes, 13 de noviembre de 2017

CUANDO APAGAMOS LA LUZ...



Cuando apagamos la luz
nos quedamos en tinieblas,
los dos solos y en silencio
y escuchando a las estrellas.

Porque ellas nos hablaban,
desgranando mil leyendas,
de personas y de cosas
que habitaron en la tierra.

Una vez había un niño
que jugaba con la arena,
con su pala y su caldero
al compás de la marea.

Intentaba hacer un barco,
o mejor una trainera,
a pesar de que las olas
extendían su melena.

Y lo hacían por la playa,
revoltosas y coquetas,
avanzando lentamente
sin que nada las detenga.

Otro niño, que a su lado,
empuñaba dos cometas,
le invitó a que le ayudara
a llevarlas a la fiesta.

Las alzaron orgullosos
con la brisa por bandera
y ese viento del nordeste
que las sube y las eleva.

Un anciano contemplaba
muy nostálgico esta escena,
y sus labios susurraban
viejos versos de un poema.

"...Era un día de verano
y era un niño en una siesta,
de repente vivió un sueño
al besarle una sirena..."

Rafael Sánchez Ortega ©
06/11/17

domingo, 12 de noviembre de 2017

TENGO UN VIEJO CUADERNO...



Tengo un viejo cuaderno de poemas
abierto ante mis ojos.

En él están los versos escritos
que recogen los sueños y utopías
de esos años, de la infancia
y juventud, que atrás quedaron.

Pero también hay otras letras
escritas a la vida, 
a las personas,
a ese mar que fue mi arrullo,
al cielo azul que tanto me atraía,
a la música sin nombre de la brisa,
y a tantas cosas y detalles
que ahora mismo,
al encontrarlas,
cobran vida y me transportan a ese día,
al momento en que nacieron,
al instante en que surgieron de mi alma,
y con ellas aún recuerdo hasta el suspiro
que nacía de mis labios,
el susurro que mandaban las estrellas
y hasta el dulce parpadeo 
de los ojos infantiles 
que captaban todo aquello
en la retina.

"Una noche tuve un sueño..."

Así comienza el cuaderno, su andadura,
de una manera temblorosa
y van surgiendo los sueños y los versos
en páginas escritas
donde la tinta forma letras y palabras
y estas hablan y dicen,
suspiran y susurran,
sonríen y lloran 
y hasta gritan lo que el alma sentía
en aquel preciso instante,
para dar fe de un corazón inquieto
y enamorado.

Si sigo pasando sus hojas, 
si me centro en su contenido
y analizo cada uno de esos versos
estoy seguro de que nuevamente
cobrarán vida 
y volverán situaciones 
y momentos ya pasados,
personajes a salir de los recuerdos
y hasta sentimientos a latir
y acelerar el corazón,
como un eco volviendo del olvido.

Tengo un viejo cuaderno de poemas
donde dejé escrito unos versos,
que ahora leo y repaso, 
en esta tarde de otoño, 
y sin poderlo evitar
unas lágrimas humedecen a mis ojos
cuando los encuentro:

"...Tengo que verte algún día,
tengo que amarte de nuevo,
quiero mirar tus pupilas
y acariciar tu cabello..."

Rafael Sánchez Ortega ©
05/11/17

sábado, 11 de noviembre de 2017

SUPONGAMOS...



Supongamos que nunca exististe
y que todo fue fruto de mis sueños
y de una imaginación calenturienta,
que me empujó, poco a poco,
hacia el pozo del olvido que querías
para así quedarte victoriosa,
con tu orgullo intacto y mi corazón doliente,
aferrado solamente a las promesas
de tus labios.

Supongamos que supero este dolor,
cruel e insoportable y lo cambio
por la paciencia de la vida 
y la ternura que de ella se escapa,
sin que me atreva a preguntar
si tú tienes un verso y un espacio
en este nuevo poema de mi vida.

Supongamos que vivo el presente
y que veo que ahora no estás a mi lado,
y me doy cuenta de que no te necesito,
como tantos días y tantas noches pasadas,
y que de aquellos momentos solamente
queda en el alma un eco de tristeza 
y de nostalgia.

Supongamos que en este presente
no siento miedo ni vergüenza,
ni tengo necesidad de rezar,
ni de morderme las uñas,
ni de mirar por la ventana,
ni de contar las horas que pasan,
ni de escuchar las campanas de la torre,
ni de saber si dios existe,
porque mi corazón ya tiene las respuestas
a todas las preguntas que me hago.

Supongamos que amanece 
y tengo que levantarme porque es tarde,
y me doy vuelta en la cama,
mientras siento a la lluvia caer 
y golpear en la claraboya,
acompañada de un rumor de voces
con risas y juramentos, de la propia vida,
en la que me invita a abrir los ojos,
levantarme y dar esos pasos necesarios
para volver a ser yo mismo,
en medio de tanta miseria 
como la que me rodea.

Supongamos que abro los ojos
y que acepto volver a vivir
y a buscarte, 
a soñar de nuevo,
a sentir la brisa inmaculada
del nordeste,
a escuchar el canto de la alondra,
a deleitarme con el vuelo 
de las mariposas,
a retener en las pupilas
el dibujo del río y sus meandros,
a notar en la frente y los labios
el beso inenarrable del amor
olvidado...

Supongamos que todo es mentira
y que hasta estas mismas letras lo son
y que nada me importa 
porque ya no estás a mi lado
y todo, absolutamente todo,
carece de sentido.

Supongamos...

Rafael Sánchez Ortega ©
04/11/17