jueves, 27 de julio de 2017

TE MIRO...



Te miro, amigo fiel, desde la infancia,
te veo reflejado en un espejo,
los ojos tan brillantes y especiales
en cara angelical que roza el viento.

Tú fuiste aquel regalo que un buen día
la brisa me dejó con dulce beso,
quería que siguiera tu figura
igual que la alegría por el tiempo.

Bendita donación la que me diste
del ángel que cubría mi paseo,
no sé si me cuidaba muy celoso
o si era yo el guardián de su secreto.

Lo cierto es que crecimos y jugamos,
volamos a las nubes de los cielos,
soñando con leyendas y conquistas
de un mundo superior que estaba lejos.

Te miro, nuevamente, en esta fecha,
y veo tus facciones en invierno,
surcadas por arrugas y preguntas,
quizás sean las mías, sin saberlo.

No busco las respuestas a las mismas,
me quedo con el rostro, que vi tierno,
del niño que quería hacerse hombre
y el hombre juvenil trazando versos.

Sonrío cuando pienso en esa escena,
la vida no detiene el movimiento,
pasamos por momentos, y en etapas,
que luego nos transmiten mil recuerdos.

Por eso detenerse en el camino,
es algo que precisan nuestros cuerpos,
no obstante no perdamos la sonrisa
y menos la esperanza de los cuerdos.

"...Te miro, amigo fiel, y me despido,
me voy al paraíso de los sueños,
aquel donde me esperan, sin palabras,
tus alas de cristal y amor eterno..."

Rafael Sánchez Ortega ©
20/07/17

miércoles, 26 de julio de 2017

ME DIERON UN REGALO...



Me dieron un regalo de pequeño
prendido de ilusiones y esperanzas,
con ellas se forjaron alianzas
y un modo de vivir con mucho empeño.

Por eso del regalo, que fue un sueño,
conservo sus dictados y enseñanzas,
tratando de borrar las añoranzas
del niño que probó de su diseño.

Eterna dualidad la del poeta,
el hombre con el niño en su maleta,
tratando de avanzar en el camino.

La vida tiene un fin con un destino
y puede que el regalo de la infancia
nos diera de la misma su fragancia.

Rafael Sánchez Ortega ©
19/07/17

martes, 25 de julio de 2017

SI ME DEJARAN DECIR...



Si me dejaran decir
las locuras de la vida,
pensaría en muchas de ellas
recitándolas sin prisa.

Por ejemplo los pianos
que despiertos nos conquistan
y dormidos son recuerdos
que en el alma desafinan.

Siguen luego los gorriones
tan alegres en las rimas,
aunque traigan de los nervios
al tendero de la esquina.

No me olvido de la iglesia,
la parroquia y sacristía
y aquel cura, tan miope,
de casulla muy antigua.

También hablo del maestro,
la pizarra con su tiza,
los canarios en las jaulas
y el bullicio en las mejillas.

Luego el médico del pueblo,
con sus gafas y su pipa,
restañando los dolores 
con recetas y aspirinas.

Hasta el juez y el magistrado,
como cuervos con levitas,
aspiraban a estar presos
con loqueros y camisa.

Por fin llego hasta el agente,
el guardián y policía,
que controla la cordura
del vecino y el bañista.

"...Si me dejaran decir,
mil locuras te diría,
por ejemplo que te amo
y que sigues en mi lista..."

Rafael Sánchez Ortega ©
18/07/17

lunes, 24 de julio de 2017

EN UN DÍA...



En un día, sin prisas, te buscaba,
juventud y divina primavera,
sin saber que en un mástil la bandera
con el viento, sus flecos azuzaba.

Una lluvia muy suave me mojaba
y regaba, también, la sementera,
que sufría el estío tan serena
como yo con la edad que me pesaba.

Pero un tierno clavel tan primoroso
me llevó, con los sueños, a tu lado,
corazón del otoño tan hermoso.

Y te vi en el pecho deseado,
con la flor y el latido tembloroso,
superando, con creces, lo soñado.

Despierta el nuevo día,
una alondra ha pasado con su vuelo
y este instante de paz, yo lo congelo.

Rafael Sánchez Ortega ©
17/07/17

domingo, 23 de julio de 2017

AQUELLA TARDE...



Aquella tarde busqué tus ojos,
desesperadamente;
quería ver en ellos la alegría sin nubes 
y sin brumas
y ese brillo especial de los niños
cuando son felices y ajenos
al mundo que les rodea.

Tú mirabas las gaviotas
que estaban sobre los acantilados
de la costa y trataban de recibir
el abrazo del nordeste
y el salitre de las aguas.

El mar invitaba a que desnudáramos
las almas,
a que te confiara mis sentimientos
y mis miedos,
y a que tú me hablaras de tus sueños.

Tomé tu mano y empecé a decirte
todo aquello que esperabas.
Tú sonreías y te sonrojabas,
incluso, de vez en cuando,
un suspiro se escapaba de tus labios.

Luego llegó el silencio y apoyaste
tu cabeza en mi  hombro
mientras tus cabellos
me rozaban la cara.

Al cabo de un rato fuiste tú
la que comenzó a desgranar un monólogo
y a contarme tus sueños y proyectos.

Con la mirada baja y jugando con mis dedos
me hablaste de ti, de tus estudios,
del trabajo que deseabas conseguir,
de aquella familia que ambicionabas
y de los niños. 
¡Esos niños maravillosos que nuestro
sentimiento intentaría hacer realidad
y dar vida!

Sentí tu mirada, la que buscaba
unos minutos antes, 
y vi en ella la luz y la ilusión,
el sueño llevado a la realidad
y el temblor de tus labios
que pedían todo aquello.

Lo curioso es que en ese diálogo,
en aquella charla tan intensa,
donde nos dijimos todo aquello,
y nuestros ojos y nuestras manos
hablaron,
y donde nuestros corazones latieron con fuerza, 
las palabras brillaron por su ausencia,
ya que no hicieron falta,
porque estaban ahí, 
en la esencia de la vida y nuestras vidas,
y en aquel verso final de un poema 
que vino a mis labios y decía:

"...Sin palabras, mi niña, solo mira mis ojos
para leer yo en los tuyos..."

Rafael Sánchez Ortega ©
16/07/17

sábado, 22 de julio de 2017

ESCRIBIRÉ UNAS LETRAS...



Escribiré unas letras,
mientras camino por la playa 
y pensaré en ti, 
en la persona real y de ficción 
que se ha creado en mi cabeza 
y corazón, 
y añadiré unas gotas especiales 
de imaginación para soñar contigo 
y verte aquí y allí, 
en tantos sitios donde la poesía 
y las palabras enmudecen 
y dejan paso a la luz 
y al brillo de las perlas que se engarzan 
en tu cuerpo y tus sentidos. 

Seguiré imaginando y buscaré esa piel 
visible y sensible que se altera 
con el roce de la brisa de la tarde, 
ya que piensa en las caricias de unos dedos 
que caminan, y descubren, lentamente, 
los senderos de tu alma, 
esos puntos tan sensibles que allí existen 
y esa lava de pasión que allí se oculta 
muy celosa. 
También contemplaré, extasiado, 
esos hombros y ese cuello sugerente 
que se ofrece a la mirada 
y que rubrican unos labios temblorosos 
que suplican y suspiran mil caricias. 

Quizás siga recreando esta imagen 
con tu pelo alborotado por el viento 
y por mis dedos, muy nerviosos, 
mientras busco con mis labios a tus labios 
y los beso con pasión incontrolada.

A lo lejos nos contemplan las gaviotas de la costa 
y te saludan y te dicen que adelante, 
que no temas a la vida ni a sus gentes. 
Que eres libre y que es tu día. 
Es el día de romper tantas amarras 
y seguir hacia delante, 
sin mirar lo que atrás dejas 
y llevando solamente la maleta 
y el cariño que precisas, 
porque tú eres lo importante de la vida, 
y eres tú la "Campanilla" de los sueños, 
la que tiene que lograr al Peter Pan que te merezca,
ya que muchos solo buscan otra cosa 
y no a la niña que se esconde tras tu alma
de mujer.

Rafael Sánchez Ortega ©
15/07/17

viernes, 21 de julio de 2017

REMO EN EL MAR...



Remo en el mar y avanza mi barquía
en medio del silencio.
El corazón está impregnado de salitre
y en sus arterias se esconden las palabras.

A lo lejos se ve la luz del sol, que se retira,
detrás del horizonte,
en esta despedida de la tarde
y en un viaje hacia la nada.

Quizás deba remar con fuerza
y dirigir mi barca hacia el ocaso,
a donde el sol se oculta y se adormece,
para buscar el puerto y el destino
que preciso.

Pero debo convencerme de que existo
y no estoy solo, en esta vida.
De que debo de luchar y convivir, día tras día,
para vencer el reto de la muerte.

Toco mi cara y me reafirmo en el detalle
de que existo.
Abro los ojos y miro el ancho mar
que me rodea.
Veo el cielo azul y rosa despedirse
en esta tarde, y también veo 
unas nubes grises
que me dicen que estoy vivo
y que me esperan, con su lecho ceniciento.

Sigo remando y me estremezco.
El viaje es largo y a pesar de su dureza
no me importa.
Debo bogar en este mar de las tinieblas
de la vida.
Debo seguir sin pausa entre las aguas silenciosas,
ya que aunque las nubes grises me reclamen,
y a pesar de no llevar nada en la mochila,
debo luchar por alcanzar ese rayo de esperanza 
que se esfuma en la distancia.

Sé que el manto de la noche llegará pronto 
hasta mi lado y me cubrirá con sus cenizas, 
pero nada puedo hacer, 
salvo intentar vivir y amar intensamente,
mientras remo y trato de acercarme, un poco más, 
hasta la luz difusa de ese faro que se esfuma 
y que me envía su esperanza, desde el cielo, 
y acelera mis latidos, y mis sueños, 
por la vida en esta tarde.

Rafael Sánchez Ortega ©
14/07/17